Ayuntamiento

Antonio García Montiel 'Caruso' emprende el eterno sendero

Cieza.es | 27 de diciembre de 2020 a las 12:43

"Ahí estamos". No era más que una declaración de principios ante la adversidad que susurraba para sí el pasado 19 de mayo, más que una escueta respuesta a pregunta alguna de quien esto suscribe. Caruso, como era conocido Antonio Francisco García Montiel, ha muerto a la edad de 61 años asido a Mari Feli, su mujer desde hace más de tres décadas, y arropado por sus hijos Teodoro, Cristóbal, Antonio y Javier. Sus ojos se cerraron sin haber llegado al final en su camino de mostrar muchos buenos momentos que ahora se han perdido. Era un hombre afable, que cultivaba el diálogo y encarnaba los tópicos bondadosos de los ciezanos. Muchos recordarán su cercanía, cualidad sobresaliente; su llaneza, el vigor de sus convicciones, su amistosa fraternidad.

Era muy trabajador, cumplidor y resolutivo, impagables virtudes para un empleado en la Administración pública. Funcionario del Ayuntamiento de Cieza, pronto nació su dedicación y ansia por servir a sus vecinos, y su vocación de servidor público, no de ventanilla; lo suyo, su amada profesión real, no era atender el teléfono o estar detrás de un ordenador, sino realizar tareas entre subidas y bajadas de escaleras consistoriales, o calles, en todo tipo de cometidos relacionados, por ejemplo, con la organización del mercado semanal o el mercadillo de artesanía. Sus propios compañeros se sorprendían por su facilidad para ir salvando obstáculos y alcanzar con absoluta normalidad aquello que para ellos significaba una dura tarea.

Aquello que no refleja su ficha laboral, su semblanza personal, es que Caruso poseía un don para tratar a las personas. Es una especie de bonhomía, sencillez y humildad, cualidades que no se estilan en este aire de los días irrespirables. A este amante de la naturaleza y el deporte al aire libre le empezamos a conocer con un proyecto municipal en el que se implicó de manera personal. Qué sencilla, qué acertada y qué bien le salió la iniciativa rutas saludables' que impulsó junto a la Concejalía de Sanidad en 2013. Hay personas que hacen de su forma de ser una manera de entender la vida, capaz de dejar huella en todo lo que realizan. Él, a lo mejor, pensaba de sí mismo que era menos genial de lo que era.

Amaba el senderismo, lo amaba hasta el desespero, lo quería con esa generosidad extrema de quienes entregan la vida en un empeño. García mientras caminaba por el monte escuchaba a través de las pisadas el sonido de la naturaleza: la montaña era su casa. "Caminar por el monte es mi vida". Como persona y como presidente del Grupo de Senderismo Los Quintos así lo vivió y así lo transmitió a los que le conocieron y le apreciaron. Su recuerdo acompañará el resto de las vidas de sus compañeros de ruta. La vida se compone de luces y sombras, y es necesario buscar el equilibrio para avanzar y seguir creyendo en el ser humano. Caruso simboliza ese otro lado de la realidad en el que subyace el compromiso y la dedicación sin esperar nada a cambio.

Antonio García Montiel vivió su enfermedad como un tramo del largo e intenso sendero que fue su vida, nunca como una cuesta arriba, porque si lo hubiera vivido así lo hubiese llevado bastante peor. Y es que aprovechó ese recorrido tortuoso y pedregoso de camino para estar rodeado de los suyos y ladear esa capa densa que suele conllevar el cáncer. Quienes conocieron su sagrado entusiasmo, su vocación invulnerable y mil veces superviviente, no podrán dejar de celebrarle en la obligada parada del almuerzo durante una caminata, saboreando un quinto de cerveza bien fresco, porque su magisterio es reconfortante como un tentempié. En su ausencia, muchos deberán conformarse con eso.