Ayuntamiento

'¿...Y desde allí, verás el mundo' entrevera la forma de ser de Toñy Benedicto con su biografía

Cieza.es | 2 de octubre de 2020 a las 10:46

Recordar, vivir; evocar, reencontrar; contar, compartir; escribir, legar. Ese es el hilo narrativo que sigue Antonia Benedicto Pérez de Lema (Cieza, 1948) en su autobiografía. Resultado de tres años marcados por las alegrías y los reveses de la vida, '¿...Y desde allí, verás el mundo', título del libro, lleva al lector por episodios iniciáticos de quien empieza a descubrir la vida y se encuentra con sus ilimitadas sensaciones. Para ello la autora da trascendencia literaria a hechos que en apariencia no lo tienen, pero no incurre en la mera narración lineal de vivencias. Se trata de un diario íntimo que alivia al lector en unas semanas en las que no han escaseado los acontecimientos literarios.

"Somos el resultado de lo que hemos vivido, vivencias que han moldeado nuestra forma de ser. Esta autobiografía es un canto a la amistad, a la familia, pero también al pragmatismo que ayuda a levantarse después de cada caída". Con tan afectuosas palabras arranca la presentación de Antonio Salmerón en la terraza al aire libre de la Biblioteca Municipal Padre Salmerón, que significa el reencuentro con una persona tan querida como conocida, que concita admiración y respeto por parte de sus vecinos. Todas sus 380 páginas son memorias, apuntaladas por ochenta fotografías, y el título es significativo de su contenido, una frase que lleva un mensaje oculto cuyo significado se descubre con su lectura.

Tras tres años rumiando el proyecto, el 25 de septiembre de 2020 la autora puede ver cumplido el sueño de presentar un trabajo dedicado a sus cuatro nietos. Ella echa la vista atrás en un intento de "dejar escrito todo eso que les cuento a mis nietos. Es un libro para que se acuerden de sus abuelos". Recuerdos de la niñez, sus miedos y fantasías, sus epifanías y decepciones. "Lo he escrito con el corazón. Personalmente creo que no he escatimado ningún recuerdo por triste o difícil que fuera", explica. Y lo cuenta de forma natural, con un lenguaje llano y sencillo, algo que da un cierto tono de frescura muy de agradecer por el lector. Es un texto que lleva a su autora al reencuentro consigo misma.

A la protagonista no le costó tomar la decisión de ponerse a trabajar a la edad de 15 años en el negocio familiar, al que se dedicó a servir gasolina en la Venta del Olivo. "Creo que me convertí en una de las primeras chicas que atendían una gasolinera. Poco después se puso de moda en Madrid este trabajo para una mujer. Recuerdo que trabajaba de 8 de la mañana a 10 de la noche. Tenía un sólo sábado por la tarde libre cada quince días. Cobraba cien pesetas semanales, y me daban muchas propinas", comenta. Con su voz de profesora tan reconocible, muestra un recorte de prensa cuyo titular decía 'Gasolina de 96 servida por una muchacha de 15 años'. Esa fue su entrada en la vida adulta.

Nadie, a excepción de sus primeros alumnos, recordará a Toñy Benedicto de los tiempos en los que, recién terminados sus estudios de Magisterio, tuvo como primer destino la Escuela de Adultos y se curtía como profesora en el Colegio Virgen del Buen Suceso. Con la impronta de su personalidad, forjada en unos tiempos de cambios con una visión amplia y comprometida con la sociedad en la que vivió, guió los caminos de sus alumnos. Abundan, por supuesto, las sorpresas. "También tengo un hueco para mis mascotas, entre ellas mi querido y añorado perro Súper". Contado primorosamente, las vivencias tienen las características y el encanto de un relato periodístico.

Cuando se le pregunta cómo llegó al periodismo local, sonríe: "Me río porque fue algo muy casual". Ella señala al desaparecido periodista y escritor Antonio F. Marín como artífice de su llegada al diario La Opinión de Murcia; confiesa que le encantaba retransmitir los partidos del Club Deportivo Cieza durante su ascenso a Segunda División B; y -con partes iguales de emoción y nostalgia en uno de los tramos del libro- recuerda, cuando ya todo parecía tener sentido para ella, una etapa llena de eventos. Ahí supo de las dificultades de la profesión periodística para buscar la verdad y atar cabos sobre un suceso, el asesinato de los novilleros, que conmocionó al país.

Era una presencia constante, una corresponsal puntual de la actualidad local. Durante años no había situación en la que no apareciera con una sonrisa permanente y un deseo de encontrar a alguien a quien entrevistar o fotografiar. Y tirando del hilo de la memoria, la esposa de Luis Carrillo aprovecha también para "desnudar mi alma" en algunos de los pasajes. Y es que se detiene, con buen pulso y evidente acierto, en las pequeñas cosas sin importancia que dan vida como el primer beso al que iba a ser el padre de sus dos hijos. En ese momento se dio cuenta de que, en realidad, ninguno de los dos estaba del todo completo sin el otro. "Quiero dedicar este libro. Quiero¿ -calló un instante para contener la emoción-. Quiero dedicárselo a mis cuatro nietos".