Indice Historia Arte

EDAD MEDIA

  1. Siyâsa y el esplendor de la cultura Andalusí
  2. Fuentes escritas árabes
  3. La Alcaçaba o Fortaleza
  4. La Muralla
  5. La Madîna o Caserío (Tipología de las casas)
  6. Decoración Arquitectónica de la casas
  7. Ajuar mueble de las viviendas
  8. Cementerio
  9. Decoración arquitectónica de las casas
  10. Reconquista cristiana y la despoblación del caserío
 

SIYÂSA Y EL ESPLENDOR DE LA CULTURA ANDALUSÍ

En el corazón geográfico de la antigua Cora de Tudmîr, el reino islámico de Murcia, dentro de lo que hoy es el término municipal de Cieza, se construyó durante la época medieval islámica, una ciudad que las fuentes árabes llaman Siyâsa y más tarde las castellanas llamaron Cieça.

Las condiciones orográficas, geológicas, climatológicas e históricas del monte de El Castillo, lugar en el que se encuentra, han permitido un estado de conservación excepcional que permite asegurar que Siyâsa es la madîna islámica que permite conocer, mejor que ningún otro yacimiento de la Península ibérica, el desarrollo urbanístico, la estructura doméstica y los elementos decorativos ornamentales de las ciudades andalusíes de los siglos XI al XIII.



 

FUENTES ESCRITAS ÁRABES

Estas casi ignoran Siyâsa. Tal vez por su falta de importancia hasta el momento de su mencionado esplendor o, a lo mejor, simplemente debido a que el azar no ha permitido que se conserven o se hayan descubierto todavía las fuentes existentes. Al Udrî (s. XI) menciona en un itinerario el nombre de Siyâsa, como final de etapa en el camino de Cartagena a Toledo.

Según nos ha comunicado Pedro Jiménez, una fatwâ de Abî `Abd Allah b. al-Hâgg que cita una anterior de Abî-l. Walid b. Kusd, referente a un contrato de matrimonio, dice textualmente "en la alquería (qarya) de Siyâsa sobre nuestro camino hacia Murcia". Walid b. Kusd murió el año 1126, por lo que necesariamente la cita debió de ser anterior. A mediados del s. XII Siyâsa ya había alcanzado la categoría de hisn (fortificación), según referencia de al-Idrîsî que la menciona dos veces: en el itinerario de Murcia a Segura y en el de Murcia a Cuenca, calificándola como hisn en ambos casos.

Hacia 1154, Ibn Abd Allah Muhammad d. Bark al Zuhrî recorrió las riberas del río Segura desde su nacimiento al menos hasta la vega de Cieza, describiendo este recorrido de forma detallada y a partir de este lugar sólo las distancias hasta Mursiya y el mar en su obra "Kitab Al-Dja rafiyya". Este texto relata una pormenorizada descripción del desfiladero de la Fuente Negra, aunque no menciona la cercana Siyâsa, río abajo pocos kilómetros. Esta ausencia del texto es sólo justificable porque al Zuhrî, tras el paso por la Fuente Negra debió seguir un itinerario ya alejado del curso del río Segura. No obstante, de que la descripción del mencionado desfiladero está referida al paraje actual de Los Almadenes no cabe duda.

Las dimensiones y distancias son bastante similares a las reales y el topónimo de Fuente Negra se siguió conservando, traducida al castellano, al menos hasta 1579, fecha de la Relación ordenada hacer por Felipe II donde aparece (en esta misma relación además se hace referencia especial a la acequia mencionada). A esta fuente se le denomina hoy como El Borbotón aunque el descenso importante de los niveles freáticos le da un aspecto menos espectacular que el que pudo apreciar al Zuhrî.


 

LA ALCAÇABA O FORTALEZA

La alcazaba islámica, situada en la parte más alta del cerro, domina visualmente la madîna al igual que controla el valle del Alto Segura que se extiende por debajo. El estudio de su estructura, sin una previa excavación científica, resulta actualmente difícil, debido a la superposición y reutilización de estructuras bajomedievales. Es fácil diferenciar en el interior de la fortaleza dos recintos principales.

El superior, situado en la parte NE., conserva una torre cuadrada flanqueada por dos gruesos lienzos de muralla que forman ángulo recto y delimitan parcialmente este recinto. La torre construida a base de sólido tapial tenía originalmente su base macizada para otorgarle solidez. Por encima de la solera, se levantaban al menos dos plantas superpuestas, teniendo la superior un suelo de madera. La planta inferior tiene una estrecha saetera, mientras que la segunda tenía al menos tres grandes ventanales que hoy se conservan solamente en su parte inferior. Por semejanzas con ejemplos posteriores mejor conocidos suponemos que la torre se debía cubrir con un tejado para librar de las inclemencias meteorológicas al cuerpo de guardia.

El recinto inferior, posible albacar, es mucho más amplio que el anterior, sus defensas de mampostería se adaptan al terreno siguiendo todas sus irregularidades. Los sectores más vulnerables aparecen fortificados mientras que los escarpes rocosos son utilizados como defensas naturales, prescindiéndose en estos casos de toda construcción en el frente NO. donde apenas existe construcción alguna, dado que es aquí donde mejores defensas naturales existen. Por el contrario, es el costado SE. el que representa las construcciones defensivas de mayor importancia. En el interior del albacar y adosado a la muralla existe un amplio aljibe de tapial, subdividido en tres sectores. Igualmente adosado al muro del recinto, pero proyectándose hacia la zona meridional de la madîna, existe otro torreón de planta cuadrangular del cual tan sólo se conserva su planta.


 

LA MURALLA

A partir de la alcazaba y en dirección SE. podemos observar cómo desciende un lienzo de muralla abrazando por este flanco la madîna. En su primer tramo el muro efectúa varios quiebros debido a las irregularidades del terreno, siendo aquí donde se sitúa un pequeño torreón de planta circuloide. Bajando a partir de aquí ya por una pendiente más suave, la muralla regulariza su trazado que es entonces sólo levemente sinuoso, jalonado por tres torreones de planta cuadrangular.

Al llegar a este último torreón, la muralla quebrará en ángulo recto hacia el E., constituyendo el frente meridional del poblado con una forma convexa, apreciándose los restos de al menos dos torreones más. Desde el punto anterior la muralla se dirige, bordeando la pequeña meseta que se encuentra en esta zona, hacia la vaguada donde se debía de encontrar la puerta principal de la ciudad. En este lugar no es posible estructura defensiva alguna debido a los arrastres de tierra de la vaguada y a las labores agrícolas aquí desarrolladas.

La existencia en este lugar de la puerta principal de la ciudad se confirma por el dibujo efectuado en el s. XVIII por Fray Pascual Salmerón, que hoy se conserva en la colección de D. Antonio González Moreno de Cieza. Los mencionados aterrazamientos agrícolas parecen estar reaprovechando los muros antiguos. Estos configurarían el camino de acceso a la ciudad de forma serpenteante. Así se suavizaría la gran pendiente que se encuentra en esta zona y se evitaría, también, un ataque frontal a una de las partes más débiles de cualquier amurallamiento.

Al otro lado de la vaguada se encuentra un pequeño cabezo que se utilizó como cementerio y que, extraordinariamente, se encuentra inserto en la zona amurallada. Ello se debe a la importancia del lugar donde se asienta dentro de las estructuras defensivas de este flanco de la ciudad. En la ladera oriental del cementerio perdemos el rastro de la muralla. Ello puede estar debido a que la gran pendiente del terreno ha favorecido su destrucción u ocultación por los arrastres de tierra. No obstante, en algunos puntos concretos como el de la zona del caserío excavado hasta ahora, lo abrupto del terreno la hizo innecesaria como se ha podido perfectamente documentar.
El tramo N. de la muralla desciende la ladera del cerro, rodeando el barrio septentrional de Siyâsa, desde la base de la pared rocosa que se encuentra bajo el castillo. Primero de forma recta y más adelante curvándose hacia el E. Su factura es distinta de la del resto de la muralla, pues aunque posee dos torreones de base cuadrangular realizados como los anteriores con una mampostería de piedra y yeso, la construcción de la propia muralla tiene un aspecto megalítico que nos hace sospechar un reaprovechamiento de una estructura defensiva anterior.

Es interesante mencionar la existencia de un lienzo de muralla que se desarrolla en el interior de la madîna, durante unos 150 m, desde la base de la alcazaba hacia el E. La interpretamos como un resto residual de un momento de fortificación anterior al de máximo desarrollo de la madîna o tal vez podría delimitar una antiguo egido.


 

LA MADÎNA O CASERÍO (Tipología de las casas)

El caserío queda claramente dividido en dos núcleos que ocupan, respectivamente, la solana y la umbría del monte. El segundo núcleo es de dimensiones bastante más reducidas que el primero. Según nos parece hoy estos dos barrios debieron estar comunicados exclusivamente por una calle, la localizada con dirección N.-S. en la zona septentrional del caserío excavado.

Esta calle, según nos indican diversos datos descubiertos durante las excavaciones, se hallaba cubierta y parece segura la localización de un sistema de cerramiento en la misma. Ello permitiría el aislamiento temporal de estos barrios cuando se considerara oportuno. La disposición de las casas está fuertemente condicionada por la topografía del lugar. Es evidente que la pronunciada pendiente de algunas de las laderas obligó a disponer el poblado de forma escalonada, separando cada plataforma de casas por una calle. Debido a esta disposición las testeras de una manzana daban a la misma calle donde se abrían las puertas de las casas de la manzana superior. Los materiales utilizados para la construcción son principalmente: yeso, cal, piedra, tierra, adobe, ladrillo, caña, madera, teja y alcadafes.

Los muros suelen tener su zócalo (más o menos alto) construido en mampostería de yeso y piedra, siendo el alzado de los mismos de tapial o encofrado de tierra. La mampostería citada se utiliza también para abrevaderos, pilares de pórticos y escaleras. Los muros que constituyen los diques de aterrazamiento suelen estar construidos de encofrado de cal y graba. El adobe se utiliza para tabiques y alacenas de cocina, al igual que el ladrillo que también se usa para pavimentos, hogares de cocina, jambas y pilares de arcos y pórticos. Losas de calcarenita y arenisca se utilizan para poyos, tapas de pozos ciegos, pasillos enlosados de paso a establos, bases de goznes de puertas y hogares de cocina. Para este último uso también se emplean fragmentos de ruedas de molino.

El yeso fino se utiliza para los rebocos de las paredes, tabiques, alacenas y pavimentos, además de para la construcción de los bellísimos arcos y pórticos que decoran los vanos y ventanas del interior de las viviendas. Todas estas piezas se encalaban periódicamente para mantener la salubridad de las viviendas, tal y como todavía se hace hoy en día en las construcciones tradicionales de buena parte del Sur de España. La extracción y "cocido" del yeso en las inmediaciones cercanas de la ciudad está documentada por la existencia de canteras y de hornos cuya utilización se ha prolongado hasta el presente siglo.

Las cañas son utilizadas, según demuestran sus improntas, para la construcción de los cielos rasos y la base de los tejados. Los maderos son usados como rollizos para techumbres, vigas - canecillos, tapas de los pozos ciegos y refuerzos de los arcos. Estos arcos también se reforzaban interiormente mediante la introducción en su factura de pernos de hierro. Las tejas se utilizaban para las techumbres y para la construcción de canalillos de desagüe al igual que los tubos cerámicos.

Los alcadafes se usaron excepcionalmente como abrevaderos en los establos. En la zona inferior del caserío hasta ahora excavado se detecta un incremento importante de la utilización de muros de mampostería, especialmente en la construcción de azucaques que destruyeron la estructura original de varias viviendas inutilizándolas como tales. Esto junto a otras reformas de imperfecto acabado, efectuadas en casi la totalidad de las casas, parece poder atribuirse a un momento de ocupación cristiana que debió ser poco prolongado al no haberse documentado, en el interior de las viviendas, materiales fechables más tardíos que de finales del s. XIII. El tapiado tosco de los accesos exteriores e interiores de algunas viviendas implica su deliberada inutilización, que tal vez fueran parcialmente reutilizadas como establos. Las cuatro calles documentadas (de 1.50 a 2 m de anchura) tienen pavimento de tierra y, cuando los desniveles a salvar son importantes, escaleras de mampostería de yeso y piedra.

Dos de estas calles tienen poyos enlucidos de yeso con una desigual altura que debieron servir para el descanso de los transeúntes. Los 4 azucaques hasta ahora descubiertos (de 1 a 1.50 m de anchura) tienen alternativamente pavimentos de tierra y yeso, a veces con tramos de escalera.

Cuando los azucaques son recorridos por atarjeas (canalillos de desagüe), se instalan sobre los mismos losas de piedra. Tanto las calles como los azucaques tienen formas rectas o poco curvas, cruzándose entre sí en ángulos prácticamente rectos. La estructura de la vivienda común andalusí era, hasta hace muy poco, deficientemente conocida debido a la fragmentación que los restos de las mismas presentaban en casi todos los lugares donde se estaban excavando, casi siempre semidestruidas por las reocupaciones posteriores. El gran interés que tiene el barrio de 18 casas exhumado en Siyâsa radica en su idoneidad como muestra de lo que fueron los diferentes tipos de viviendas en un medio urbano, excluyendo la variante más desarrollada con rasgos palaciales.

Es sorprendente comprobar que en esta ciudad y en una misma manzana encontramos casas con 234 y 29 m2 construidos en planta baja. Entre estos ejemplos extremos, hay todo un abanico de casos, fiel reflejo de la variada situación socioeconómica de las 18 familias que allí vivían. Los condicionamientos que impone el medio urbano en la configuración de las casas son de gran importancia.

El primero consiste en la presencia del patio como núcleo articulador, ya que la existencia de un vecindario, obligaba a conformar la casa como un ente replegado sobre sí y abierto al interior. El segundo se refiere al desarrollo de un servicio sanitario constituido por letrinas con pozos negros. Por último, señalar la existencia de establos incomunicados con el patio. a partir de estos tres elementos, la vivienda sufre todo un proceso de crecimiento que se plasma en formas mucho más complejas, cuyos exponentes máximos son los palacios.

El análisis pormenorizado de las 18 casas excavadas en Siyâsa nos ha permitido distinguir dos tipos claramente diferenciados que Julio Navarro (1990) da en llamar "elemental" (E) y "complejo" (C).


 

CASAS TIPO COMPLEJO (C)

Se caracteriza, aparte de por sus relativamente grandes dimensiones, por la existencia generalmente de cuatro crujías y por la jerarquización de sus espacios. En este tipo C, la superficie construida es mucho mayor que en el E. De las nueve viviendas pertenecientes a este tipo, la menor cuenta con algo más de 68 m.2 construidos (n.3), mientras que la mayoría oscilan entre 117 y 159 m.2 (n.1, 2, 6, 8 y 9). Excepciones a esta mayoría son las casas n.7 (74 m.2), 10 (89 m.2) y 5 (234 m.2).

La superficie que ha conservado la n.7 no corresponde a la totalidad de la planta baja, pues las crujías que le faltan debieron quedar voladas sobre las dos calles que la circundan. Con la incorporación de estas dos nuevas crujías la planta baja debió sobrepasar los 125 m.2. La casa n.10 presenta una problemática diferente dado que su actual perímetro corresponde al primitivo núcleo de una importante vivienda almohade que fue subdividida en tres: 10, 12 y 14.

Esta fragmentación llevó consigo el desgaje de algunas habitaciones que estructuralmente pertenecen al patio de la casa n.10; así sucedió con la crujía Este, que tras la reforma se convirtió en el zaguán y en el establo de la casa 12. Este ejemplo es suficiente para demostrar que la antigua vivienda almohade, a la que pertenecen la mayoría de estructuras y dependencias de la casa 10, contó con una superficie muy por encima de los 100 m.2 en planta baja. En la casa 5 se da el efecto contrario. Sus excepcionales dimensiones (234 m.2) son el resultado de la anexión de una vivienda vecina al conjunto original. Prueba de ello es la existencia de dos núcleos diferenciados en torno a sus respectivos patios. En este caso, lo más correcto sería considerar la casa número 5 como dos viviendas que en un momento dado, constituyeron una sola propiedad. Como conclusión de este apartado, podemos afirmar que la superficie construida en el tipo C solía oscilar entre los 100 y los 150 m.2.

Las piezas con las que suele contar la vivienda de tipo complejo son las siguientes:

 - Zaguán, generalmente de planta rectangular y situado tras la puerta de entrada.

 - Patio central, articulador de la estructura de toda vivienda. Con él se comunican la totalidad de las salas de la planta baja y la casi totalidad de las de la planta superior a través de puertas, ventanas y balcones. En ocasiones cuenta con un jardincillo central (casas 6 y 9) y siempre con un agujero y canal de desagüe hacia el exterior.

Las salas de su entorno se encuentran siempre sobreelevadas para evitar una hipotética inundación en caso de importantes precipitaciones.

Salón principal, de desiguales tamaños según la importancia de la vivienda. Se encuentra flanqueado, a uno o ambos lados, por alcobas. En el caso de las viviendas 1, 4, 5, 6 y 8, que tenían sus salones principales junto a un precipicio inaccesible, éstos debieron tener amplios balcones sobre la vega del Segura. En el caso de la vivienda 6, que es la mejor estudiada hasta el momento, su salón principal contaba con dos grandes arcos casi gemelos (2.60 m x 3.70 m cada uno) como balconada. Estos fueron realizados en el s. XII en estilo almohade y reformados en la época posterior en estilo protonazarí (principios s. XIII). Sólo la imposibilidad de miradas indiscretas justifica la existencia de estos balcones hacia el exterior, no existiendo documentación arqueológica de ninguna otra ventana hacia las calles desde ninguna de las viviendas. Si llegaron a existir en algún caso, debieron ser de escaso tamaño y cubiertas con celosías de madera.

Salón secundario, no siempre existente. Suele desaparecer en las reformas (¿cristianas?) efectuadas en muchas viviendas. Cuando se conserva suele tener también una alcoba. En ocasiones debió situarse en la planta superior del edificio a juzgar por las arquerías pertenecientes a los vanos de la segunda planta (pórtico de la casa 10).

La cocina, situada junto al patio, tiene en ocasiones una pequeña ventana ojival que la comunica con el mismo, sirviendo de extrae - humos. Suele tener una alacena tras el hogar y, junto al mismo, una zona algo sobreelevada del suelo para evitar la contaminación de los alimentos o útiles de cocina que allí se colocaran. El gran tamaño que suele tener el espacio dedicado a la cocina sugiere también su uso como despensa. En la casa 8 existe, bajo el pavimento, un espacio excavado en la tierra de boca circular que debemos interpretar como silo.

El tinajero, así denomina Navarro algunas pequeñas salas que comunican directamente con el patio, cuyo uso parece destinado a almacenar el agua y otros líquidos contenidos en las tinajas. En algunos casos, como en las casas 2 y 5, los tinajeros cumplían una función parecida a las de los reposaderos como demuestra la existencia de pequeños receptáculos de obra para recoger el agua resudada por las tinajas. En relación con estas piezas hemos de apuntar que la colocación de las tinajas en los sitios estratégicos de los patios (confluencia de los tejados), donde se precipitaban las aguas de lluvia, debió subsanar, parte de estas necesidades de agua de las viviendas. No obstante por causa de nuestra particular climatología, sin duda que fueron necesarios los aportes de agua hasta las casas desde las fuentes, minas de agua y el propio río Segura, a cargo de los propios habitantes de las viviendas o a través de un sistema de aguadores semejante al que substistió en la actual Cieza hasta hace pocas décadas. Las letrinas se situaban en las casas cercanas al precipicio junto a él para evacuar directamente fuera del poblado excrementos y basuras. Las situadas en las viviendas del interior se colocan junto a calles o azucaques para evacuar a los pozos ciegos, que a su vez se sitúan en estos lugares de tránsito o junto a ellos. el acceso a las letrinas está siempre acodado.

Las escaleras comunicaban, casi siempre, con el piso superior de la vivienda donde se debían colocar los secaderos y otras salas cuya distribución desconocemos al haberse producido su total demolición. La existencia de yeserías de calidad procedentes de esta segunda planta dejan clara la existencia en ella de zonas nobles de la vivienda: alcobas y, más raramente, salones secundarios (casa número 10).

Parece probable la existencia de terrazas descubiertas si nos atenemos a modelos domésticos del Magreb actual.

El establo, de dimensiones muy diversas, se sitúa en lugar anterior o distinto al de la propia vivienda para evitar la contaminación de ésta. Los análisis osteológicos de fauna doméstica descubren que en el último momento de ocupación de la ciudad, la dieta proteínica estaba principalmente compuesta por carnes de oveja, cabra, vaca, équidos, gallina, perdiz, ciervo, jabalí, cerdo y gato. Estas dos últimas especies parecen poder atribuirse con seguridad a la presencia cristiana.


 

CASAS TIPO ELEMENTAL (E)

Este tipo se define como una arquitectura radicalmente condicionada por la escasez de espacio, lo que conlleva la pérdida de parte de las crujías que circundan el patio y la reducción del número de habitaciones una vez que han desaparecido los rasgos morfológicos propios de cada dependencia. Esto lleva también, como consecuencia evidente, a la plurifuncionalidad de los espacios.

La vivienda de tipo E en Siyâsa (ns. 3, 4, 7, 11, 12, 13, 14, 15, 16 y 17) no suele sobrepasar los 50 m.2 construidos. No conserva, por los condicionantes de su escaso tamaño, ni entrada acodada ni zaguán diferenciado.

Está constituida, al menos, por el patio, la letrina y una habitación amplia que en unos casos aparece como cocina y en otros pierde todo rasgo morfológico que nos permita su identificación. No obstante, Navarro cree que en las casas en donde sólo había una habitación amplia (esté o no configurada como cocina) ella hacía las funciones de cocina, salón, alcoba, lugar de trabajo, etc.

Por el contrario, en las casas en donde hay dos o más piezas amplias es prácticamente seguro que se dio en ellas una cierta especialización, consistente en la mayoría de los casos en la clara definición de una de ellas como cocina.


 

DECORACIÓN ARQUITECTÓNICA DE LAS CASAS

La riquísima y excepcional colección de elementos decorativos arquitectónicos exhumados durante la excavación de las 18 casas documentadas está todavía por publicar en su mayor parte. Dado el desconocimiento que actualmente se padece sobre este particular de la casa andalusí, éste es también un aspecto sobre el que Siyâsa arroja una gran cantidad de luz a la historia de la investigación. Salvo las yeserías que se desplomaron hacia el precipicio por hallarse junto a él, el resto de piezas se han conservado en relativo buen estado aunque bastante fracturadas por el derrumbe.

Procedentes de la zona excavada y de las expoliaciones que ha sufrido el yacimiento, se conservan actualmente piezas de unas 200 yeserías talladas, en su mayoría arcos de puertas, dormitorios y ventanas, además de algunos pórticos. Los elementos decorativos más antiguos son prealmohades, con paralelos en época califal y almorávide, procediendo del exterior de la zona excavada o de su reutilización como material de refuerzo o relleno de muros.

Son principalmente arcos y modillones de rollos, estos últimos con entrecalle, al igual que los fragmentos de arcos de herradura y polilobulados de grandes lóbulos con enjutas caladas.

De las viviendas del caserío excavado proceden yeserías de estilo almohade (s. XII) y protonazarí (primera mitad del s. XIII), siendo estas últimas principalmente las policromadas. Las piezas almohades son pórticos y, sobre todo, pequeños "arcos de hojas".

En la casa número 10 se encontró un pórtico de excepcional interés que se encuentra expuesto en el Museo de Siyâsa. Abarcaba su desarrollo dos plantas de altura, teniendo en desarrollo horizontal tres cuerpos. El cuerpo izquierdo estaba constituido por un arco polilobulado de hojas sobre el que se desarrolla hasta el techo un "paño de sebka". Este arco coronaba el vano de acceso de la escalera que ascendía a la planta superior. El cuerpo central tenía en su planta inferior dos pilares coronados por sendos modillones, mientras que en la planta superior se flanqueaba con otros dos pilares coronados por otros dos modillones con entrecalle. El cuerpo derecho tenía su vano inferior formado por un arco angrelado, mientras que el superior tenía otro arco polilobulado de hojas usado como ventana, cubierto también por otro paño de sebka con banda epigráfica superior. La decoración de estos paños está constituida por arcos polilobulados cruzados, formando rombos en los que se insertan motivos fitomorfos y epigráficos cursivos. Este pórtico, en el actual estado de las investigaciones, constituye la pieza de decoración arquitectónica más monumental de la arquitectura almohade en Al Andalus tras la Giralda, los Patios del Yeso y de contratación de los Reales Alcázares de Sevilla.

En la fase protonazarí se fabricó buena parte de los arcos que se encontraban en uso en el momento de abandono de las viviendas. La gran mayoría de los yesos están constituidos por arcos polilobulados con angrelados, en donde ha desaparecido todo rastro de la estructura vegetal que configura los lóbulos en los llamados "arcos de hojas" almohades. Algunos ejemplares de este grupo conservan decoración pintada en las enjutas (rojo y negro principalmente), en general lisas. La semejanza de los yesos protonazaríes de Siyâsa con los hallados en Santa Clara la Real en Murcia demuestra la existencia de un estilo urbano a pesar del carácter palacial de Santa Clara y del doméstico del caserío de Siyâsa, que compartía las corrientes artísticas del momento.

El análisis, por microsonda, del colorante rojo del arco 1 de la casa 6 (GARCIA, A., 1992) delata el uso de Cinabrio para el mismo lo que demuestra un alto poder adquisitivo de los que podían pagar este caro, por entonces, mineral.

Los elementos arquitectónicos ornamentales fabricados en madera, como serían los canecillos de madera, apenas nos han dejado restos. No obstante, uno de estos elementos si se ha conservado mostrando una talla decorativa con motivos vegetales y restos de pintura en colores rojo y negro.

Otro elemento decorativo utilizado en las viviendas de Siyâsa eran unas placas de yeso pintadas y con espejitos incrustados que, de momento, no han sido halladas en ningún otro yacimiento. Los elementos decorativos en relieve, pintados en negro y ocre, suelen ser "manos de Fátima", "estrellas de David" y otros motivos geométricos. Estas piezas debían tener una función apotropaica, reflejando con los espejos o rechazando con las manos de Fátima la entrada de malos espíritus, mal de ojo o enfermedades en el interior de las viviendas.


 

AJUAR MUEBLE DE LAS VIVIENDAS

Este era amplísimo y debido a la difícil conservación de loa que se fabricaban con elementos de origen orgánico, nos son desconocidos en buena parte. Se relacionan a continuación algunos de ellos:

 - Puertas de madera. Se situaban en el acceso principal de la vivienda, las entradas a salones, establos y azucaques. En los accesos a los salones desde el patio central también se han encontrado quicialeros para el encaje de los goznes que indican su uso. El carácter mueble de estos elementos es evidentemente discutible pues podrían incluirse también dentro de los elementos arquitectónicos. Para cubrir las puertas del resto de salas parece que se debieron usar simples cortinas.

 - Esteras de esparto. De ellas se han encontrado restos tanto carbonizados como momificados.

Tapices, cortinas y cojines de tela. Se supone su existencia pero no se han encontrado restos conservados.

 - Muebles de madera y cuero: Algunos fragmentos de madera policromada pudieron pertenecer a alguno de estos objetos, al igual que un fragmento de cuero con perforaciones de cosido en uno de sus bordes.

 - Cerámica: Su variedad tipológica es grande y sus formas son principalmente las siguientes, clasificadas por uso:
   1. Almacenamiento, transporte y conservación: Jarras, tinajas, cantimploras y orzas.
   2. Servicio de cocina: Marmitas - ollas, cazuelas y cuscuseras. Los dos primeros        tipos, sobre todo a partir del s. XII, suelen estar vitrificadas en su interior y labio.
   3. Servicio de mesa y presentación de alimentos: Jarras, jarros, jarritas, jarritos,        copas, redomas, ataifores, jofainas y cuencos.
   4. Uso múltiple: Alcadafes.
   5. Objetos adicionales o anexos: Tapaderas, reposaderos y aguamaniles.
   6. Contenedores de fuego: Candiles, anafres - hornillos y pebeteros.
   7. Juguetes: En Siyâsa se ha encontrado una pieza zoomorfa que parece ser un        caballito de ajedrez.
   8. Cangilones: Aparte del normal uso arquitectónico de estas piezas, el lugar de su        hallazgo y los elementos de etnología comparada nos indican su uso para el        vaciado periódico de los pozos negros.
   9. Uso indefinido.

Los tipos decorativos utilizados en estas piezas, más o menos frecuentes según las formas y algunos buenos indicadores cronológicos para su datación, son los siguientes: Incisiones simples o a peine, estampillada, plástica, calada, vidriada en blanco, verde, amarillo, marrón y melado, pintada "al Manganeso" o "a la Almagra", vidriadas en "Verde y Manganeso" (también llamada cerámica "califal" o "tipo Medina Azahara"), "Cuerda Seca Parcial", "Cuerda Seca Total", "Esgrafiada" y "Loza Dorada". Las vasijas de vidrio reproducen algunas formas cerámicas como jarritas y redomas, además de abundar las botellas y botellitas. Como piezas con decoración especialmente curiosa, por su singularidad en el contexto del Islam occidental, mencionaremos el hallazgo de fragmentos de pasta vítrea dorada y esgrafiada.

Los objetos de metal de uso doméstico tenían variadísimas formas, estando facturados principalmente en hierro, cobre y bronce. En Siyâsa se hallaron cuchillos, clavos, remaches, barrenas y espetones. Los útiles de madera debían ser también abundantes aunque, por razones obvias, desconocemos su tipología. Excepcionalmente se conservó parte de una cuchara que suponemos principalmente de uso culinario. Los objetos tallados en hueso son tapaderitas, posibles ungüentarios, mangos de cuchillos, cuentas, plaquitas incisas y agujas. De un útil de piedra pulida con núcleo de hierro, suponemos su uso como mano de un gran mortero.

Creemos, también, que los cantos rodados hallados en cocinas y pozos negros debieron usarse como percutores de uso múltiple, principalmente culinario. También es frecuente el hallazgo de fragmentos de arenisca roja utilizados como afiladores.

Otros objetos hallados en Siyâsa nos ayudan un poco a recomponer los aspectos de las creencias mágicas de los musulmanes que aquí vivieron. Amuletos de tipo Camarillas, óvalos de Onice, corazones y plaquitas epigráficas de bronce junto con las representaciones de "manos de Fátima" en cerámicas y placas de yeso, nos indican la necesidad de amuletos de uso apotropaico.

Anillos de bronce (a veces con engarces de pasta vítrea o gemas semipreciosas) y plata, pendientes de bronce, además de hebillas de correas y cinturones de bronce nos aproximan, también, a la reconstrucción de parte de la indumentaria de estas gentes.


 

ALMACABRA O CEMENTERIO

Situado en un pequeño monticulo, bordea por el Este la madîna estando incluido, por razones estratégicas, dentro de la zona amurallada. Se encuentra, como es habitual, junto a la puerta principal de la ciudad. Ha sido saqueado desde antiguo (tenemos datos de su conocimiento popular en 1579) por buscadores de tesoros que se verían, sin duda, frustrados por la inexistencia de ajuar en las tumbas, tal y como es preceptivo por el Corán.
La excavación parcial de esta necrópolis indica que su uso se prolongó largo tiempo superponiéndose unas tumbas a otras a lo largo de los siglos. Estas estaban fabricadas en mampostería de yeso y piedra, cubriéndose de varias losas de calcarenita (extraídas de una cercana cantera) o de arenisca (extraídas de la Rambla del Moro). Sobre estas losas en ocasiones se construía con yeso una mesa que servía para la celebración del preceptivo banquete funerario y el depósito de ofrendas.

El interior de las tumbas era muy estrecho (20 a 35 cm.) para que el cuerpo del difunto quedara en posición de perfil, orientado convenientemente hacia La Meca (en este caso hacia el SE.). Suelen presentar cabecera ultrasemicircular. Otras partes importantes de Siyâsa, presentes en todo núcleo urbano andalusí, están aún por localizar: la mezquita, los baños públicos y el zoco. La mezquita debió estar en alguna zona de suficiente llanura como para que pudiera instalarse sin importantes escalonamientos internos. La excavación arqueológica de una gran estructura cuadrangular de gruesos muros localizada en la zona amesetada del SE. de la madîna, podría dar como fruto la localización del alminar o de otra de sus partes. Los baños pudieron situarse extramuros, posiblemente en el cercano paraje de El Algal, donde desembocan en el Segura las acequias de uso islámico de D. Gonzalo y de La Andelma.

Las frecuentes y terribles avenidas que ha sufrido, hasta muy recientemente, la Vega Alta del Segura hacen difícil hoy su localización, bien por su destrucción o por su enterramiento a gran profundidad. El zoco debió estar localizado en alguna pequeña plaza o en calles de mayor anchura de lo normal.


 

RECONQUISTA CRISTIANA Y LA DESPOBLACION DEL CASERÍO

En 1243, el arraez de Siyâsa, junto con los de la mayoría de madînas importantes de Tudmîr, reconoce en Alcaraz ante el príncipe Alfonso la soberanía castellana de Fernando III. Las ciudades sometidas se comprometían a la contribución económica y militar a Castilla, a cambio de protección y de respeto a las formas de vida musulmanas. Navarro cree que el protectorado debió suponer, a partir de este momento, la instalación de tropas castellanas en la fortaleza de Siyâsa.

Cuando más tarde, especialmente a partir del traslado a Murcia de importantes contingentes de tropas en 1257, se incrementaran los abusos castellanos, esto motivó la sublevación mudéjar de 1264 a 1266. Alfonso X pediría ayuda a su suegro Jaime I de Aragón que "reconquistaría" el reino de Murcia más con pactos que con las armas, distribuyendo tierras entre nobles aragoneses. La devolución de la soberanía del territorio a Castilla supuso una represión que desplazó al exterior de las zonas amuralladas a la población musulmana.

En 1272, en relación con ello, Alfonso X visita Cieza durante dos días y el 23 de junio, en Alcaraz, dicta un privilegio con franquezas y exenciones que ayuden a poblar la villa de cristianos. Más tarde, en 1281, el rey entrega Cieza a la Orden de Santiago a cambio de Abanilla. Esto supondrá una mayor fiscalidad y perjudicará el desarrollo económico y demográfico hasta que en el siglo XIX desaparezca el poder de las órdenes militares. En 1301 el castillo de Cieza estaba en poder del Reino de Aragón. Se tiene conocimiento de ello por su recuperación en ese año por la Orden de Santiago.

Pedro Fajardo, en 1457, destruye definitivamente el castillo durante los enfrentamientos sucedidos en Murcia entre Manueles y Fajardos. En 1468, la «visitación» santiaguista menciona que toda la población, a partir de la destrucción citada de 1457, se trasladaría al actual lugar donde se encuentra Cieza, deshabitándose definitivamente el monte de El Castillo. A la mencionada represión castellana sobre la población andalusí debe atribuirse la despoblación musulmana de las casas de Siyâsa, que serían reocupadas temporalmente por los repobladores cristianos pero definitivamente abandonadas por la incomodidad que suponía su relativa lejanía de los valles fértiles que el Segura riega en la base del monte de El Castillo. Se inicia entonces un proceso de "saqueo" de las viviendas, pues sus últimos moradores las desposeyeron de sus elementos muebles, incluidas las tejas que se encontraron preparadas para su transporte en una sala de una vivienda.

Ello explicaría que en las excavaciones arqueológicas no se estén hallando, apenas, restos completos del ajuar mueble. La mencionada presencia cristiana, a pesar de la escasez de sus elementos muebles característicos, ha quedado reflejada por el hallazgo de:

     -Numerosas reformas urbanas, tanto en las viviendas como en los azucaques, generalmente utilizando mampostería en vez del tradicional encofrado de tierra. Estas reformas se realizan con poco esmero y están exentas de rebocos de yeso.

     -Grafitos sobre paredes y suelos, incisos o realizados con carboncillos. Representan tableros de juegos sobre el suelo y fragmentos de paredes, así como sobre las mismas varias series de líneas incisas, y figuras humanas a pie y a caballo, uno de ellos con indumentaria de caballero castellano.

     -El hallazgo de abundantes restos de fauna consumida por la superficie de los suelos de la vivienda, en vez de en sus depósitos naturales (basureros extraurbanos y pozos negros). Algunos de estos restos son de suidos (cerdo y jabalí) que, sin duda, se hallaban fuera de la dieta musulmana.

     -Las hogueras, distribuidas por diversos lugares de habitación distintos a los hogares de la cocina indican, así mismo, la presencia de una población que se refugia temporalmente en estas viviendas más que hacen un uso racional e higiénico de las mismas.

Durante los siglos XIV y XV, los ataques desde el vecino reino islámico de Granada se unirán a las mencionadas guerras entre bandos y reinos cristianos, asolando en repetidas ocasiones Cieza. En uno de estos ataques granadinos, el de 1448, parte de la población fue tomada cautiva. Tanto el papa Nicolás V como los Reyes Católicos favorecieron la recaudación de fondos para rescatar a los niños de Cieza que estaban siendo vendidos por el N de África. En 1477 se produjo el último ataque nazarí, incendiando la villa y apresando también la población superviviente que sería cautiva en Granada hasta su toma por los Reyes Católicos en 1492. A causa del mencionado ataque, la Orden de Santiago decidirá la construcción de una fortaleza junto a la villa para lo que contará con la ayuda de los Reyes Católicos. En 1495 la obra se encontraba ya prácticamente concluida; tenía forma cuadrangular con torres esquineras más una torre del homenaje, dentro de la fortaleza también se situaba el cortixo o casa del comendador. La inutilidad de la fortaleza, tras la conquista de Granada y la unidad de los reinos de España, produjo pronto el comienzo de su destrucción pues perjudicaba el desarrollo urbanístico de la villa.

Otra fortificación medieval cristiana es el llamado Castillo del Mayorajo, en Ascoy, construido a mediados del siglo XV junto al camino castellano para refugio de los lugareños en caso de razzia granadina.


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